
Hay tres razones para apoyar la decisión del presidente Arias de establecer relaciones diplomáticas con la República Popular de China - la que conocemos como “China continental”- y no con Taiwán, la isla Formosa a la que llegaron los Nacionalistas luego de la revolución de Mao a mitad del siglo pasado.
La primera razón tiene ver con la corrupción que se generó en torno a la relación con Taiwán.
El 24 de mayo del 2005 escribí al Dr. Tan Sun Chen, Ministro Ministerio de Relaciones Exteriores de Taiwán, una misiva que nunca respondió satisfactoriamente. En ella le decía: “Específicamente, se ha denunciado que sólo en la última campaña se otorgaron $640.000 al PUSC y $400.000 al PLN. Además, aparentemente políticos costarricenses se han beneficiado de regalos multimillonarios originados en el gobierno de Taiwán. También se ha denunciado que Taiwán ha financiado fundaciones de políticos costarricenses y numerosos viajes y regalos a presidentes y otros funcionarios públicos”.
La segunda razón para estar con la República Popular China tiene que ver con el hecho de que esa nación pertenece y es reconocida por la Organización de Naciones Unidas ONU. Un país débil militarmente como el nuestro debe ser el primero en dar señales de respetar el derecho internacional.
La tercera razón reposa en el hecho de que podríamos vender más de nuestros productos y por lo tanto, estrechar nuestros lazos comerciales. Hablo, eso sí, de un comercio con la cancha pareja. Hablo de un comercio de bienes y servicios que no reciben subsidios. Me refiero al comercio que debe respetar el ambiente y los derechos laborales.
En enero pasado escribí en la revista InterTrade que dentro de otras medidas, era urgente abrir relaciones con China Continental. También escribí que “nuestra estrategia promocional no debe intentar competir con los bajos costos de China o India sino con los valores agregados de calidad, vinculados al compromiso ambiental y social del país y de las empresas aquí localizadas”.
